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Andrés Velázquez, 25 años después | Especial La Cabilla

25 años, 10 elecciones y ni una cana. Es Andrés, otra vez. 12/09/2017 11:19 AM

Equipo Cabilla

El Equipo Cabilla realiza trabajos especiales, de investigación y análisis.

Las primarias opositoras del domingo 10 de septiembre le dejaron al país una noticia alentadora: gracias a los votantes del estado Bolívar se repetirá la tradición electoral de tener a Andrés Velázquez en el tarjetón.

De forma casi ininterrumpida, al “indio” lo hemos tenido en todos los tarjetones electorales desde 1983. Romper esa tradición no sabemos lo que pueda significar en malos augurios para un país que ya sufre lo que pasaría en Venezuela si no existiera Pepeganga.

Desde que rompiera la rosca que, bandas armadas de por medio, mantuviera al poder sindical adeco dueño y señor de los sindicatos siderúrgicos, Velázquez está en los titulares de la sección política de los principales periódicos del país. Del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y Similares (SUTISS) a la candidatura presidencial de 1983, por La Causa R. en 1988 repite como candidato presidencial, y a pesar de ser derrotado logra entrar junto a 3 compañeros de partido al viejo Congreso. Lo acompañarían Tello Benítez, Pablo Medina y Aristóbulo Istúriz, quienes quedarían formando parte del parlamento sin Andrés, candidato ganador de las elecciones a gobernador de 1989, reelecto en 1992.

De la gobernación en la cual fue reelecto en 1992, saltaría a la candidatura presidencial de 1993 con su partido, reacio a las alianzas. Y allí, se nos empieza a torcer la historia de nuestro amuleto electoral. Gana Caldera unas elecciones donde, por primera vez en mucho tiempo, las preferencias se dividían en más de dos candidatos, en lo que sería la fisura final del bipartidismo que cinco años después sería barrido del mapa por el fenómeno chavista.

Aún hoy, se discute el resultado electoral. Que si ganó Andrés pero los adecos le robaron los votos. Que si los militares impusieron a Caldera. Que si por culpa de Pablo Medina y Aristóbulo, los radicales de la partida, el electorado se asustó y votó blanco, o verde o naranja. Igual da: sobre Andrés pesa el chascarrillo de un fraude permitido e, incluso, pagado: aún hay quien afirma que al candidato causaerrista le pagaron para que declinara cualquier reclamo. Nadie dice cuanto ni quien le pagó. Nadie ha visto ese dinero y, a juzgar por el modo de vida del aludido, ni siquiera él.

Allí se eclipsó la estrella. Obligado a dejar la gobernación en 1995 por vencerse su período, no pudo mantener unido al partido alrededor de una candidatura sólida. Así, el veto sobre Clemente Scotto, aparente candidato natural a la gobernación, causó la derrota de abanderado Víctor Moreno y la posterior división del partido. Andrés quedó con una parte de la dirigencia histórica, la mayoría. El resto, se montaría en el carro de Chávez, donde aún siguen. Y así, en 1995 Andrés no sería candidato a nada.

En 1998 aparecería como candidato a gobernador de Anzoátegui, donde afirmaba haber nacido. No pudo contra el candidato del chavismo, el excausaerrista Alexis Rosas. En 2000 entraría a la Asamblea Nacional como diputado, en 2004 quiso volver a la gobernación de Bolívar, sin éxito. En 2005 fue de nuevo candidato a las parlamentarias donde no se participó finalmente. En 2008 otra vez candidato a la gobernación de Bolívar. En 2010 repite como diputado a la Asamblea Nacional, aspirando de nuevo a la gobernación de Bolívar en 2012 donde pierde por 10 mil votos. En 2015 no lo acompaña el consenso para ser de nuevo candidato a la Asamblea Nacional, siendo la segunda oportunidad que no vemos su cara en el tarjetón.

Y aquí estamos hoy, con Andrés Velázquez ganando con su nombre y su apellido su primera elección desde 1992. El tango dice que veinte años no son nada. Pero quizás veinticinco sean algo. Se pregunta uno, a estas alturas ¿Qué pasará en Venezuela el día que Andrés Velázquez no aparezca en el tarjetón? ¿Sabrá el SEBIN de qué se vale este indio para no tener ni una cana? ¿Ahora sí, Andrés? Dinos, por favor ¿Ahora sí?