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Bitcoins y Petros, la revolución de la clase monetaria | Especial de La Cabilla

Tras los Petros, una vez más la mano imperial rusa. 13/12/2017 11:00 AM

Equipo Cabilla

El Equipo Cabilla realiza trabajos especiales, de investigación y análisis.

En este 2017, el fenómeno de las criptomonedas irrumpió en el gran público. Hoy, en la fila del supermercado, del banco, cuando te montas en un taxi, familiares y amigos aparte de hablar de nuestros problemas cotidianos (especialmente en Venezuela donde la hiperinflación se lleva el protagonismo) también hablan del Bitcoin y esa cosa llamada criptomonedas.

Parece todo sacado de una película de James Cameron, o de un libro escrito por Orwell. Los grandes defensores de toda esta movida dirían que escrito por Alvin Toffler o Isaac Asimov. Parece existir un poderoso vínculo emocional en toda la gesta criptomonetaria, sus defensores más radicales parecen formar parte de una cripto-secta-digital. No se deben juzgar, todos somos humanos, al final estamos hablando de cosas tan antiguas como la especulación, la codicia, el dinero fácil, incluso la libertad, entre otras.

Si usted al comienzo del año colocó algo de sus ahorros en el Bitcoin, pues ya está más de 2.000 % arriba en su inversión. Algo que no es solo para estar agradecido, sino para volverse literalmente loco. La volatilidad en los retornos positivos tiene el potencial de desestabilizar no solo a una persona, sino a una nación. Pregúntenle a Venezuela cuya entrada de dinero ha estado sometida a los vaivenes de la montaña rusa llamada precios del petróleo, por cierto, menos volátil que el Bitcoin. Estamos viviendo un fenómeno único. Ni siquiera la burbuja de los tulipanes del siglo XVII, tenía las métricas que estamos observando en esta fiebre digital.

Vayamos poco a poco y tratemos de explicar de qué se trata todo esto:

El concepto de las criptomonedas no es nuevo, en realidad se viene trabajando desde hace 20 años. En 1998 un ingeniero informático estadounidense llamado Wei Dai, propone por primera vez la creación de un nuevo tipo de dinero descentralizado que usaría la criptografía como medio de control y autenticación. Entonces, primero debemos saber ¿qué es la criptografía?

La palabra criptografía proviene del griego κρύπτos (criptos), que significa “oculto”, y del γραφη (grafé), «grafo» que se refiere a “escritura”, entonces la criptografía significa literalmente “escritura oculta”. La criptografía es una técnica y algunos dirían el arte de ocultar información. Esta ha sido usada desde que el mismo lenguaje existe, sin embargo, no es hasta 1998 donde se empieza a combinar la idea de la criptografía con el dinero.

Muchos fueron los intentos de crear un sistema alternativo al modelo actual de dinero fiduciario, que consiste en el dinero emitido por los estados y cuyo valor deriva directamente de la confianza que se tiene en el Estado emisor. El máximo representante del dinero fiduciario es el dólar estadounidense. Hubo una época no tan lejana en donde el dinero emitido se encontraba respaldado por materias primas como el oro y la plata, sin embargo, ese modelo cambió dramáticamente a raíz del acuerdo de Bretton Woods (1971) durante el gobierno de Nixon. A partir de allí el dólar dejo de estar respaldado en oro (el “patrón oro”) y comenzó la era del “dinero fíat”, del dinero sin valor intrínseco, tangible.

En el año 2008, EE.UU. y el mundo sufrieron una severa crisis financiera. Muchos de los bancos más importantes de su sistema financiero tuvieron que ser nacionalizados temporalmente. La Reserva Federal de los Estados Unidos emitió toneladas de dinero para lograr rescates masivos, lo que debilitó al dólar como moneda de intercambio y reserva. Ese mismo año, la moneda estadounidense tocó en marzo el mínimo histórico en su precio con respecto a la cesta de monedas globales, y fue durante ese mismo año, en medio de la crisis más severa vivida por la economía americana desde la gran depresión de los años treinta, que un tal Satoshi Nakamoto (quien hasta el sol de hoy nadie sabe quién es) publica un artículo científico en la lista de criptografía de la popular página web metzdown.com, describiendo el protocolo de algo llamado “Bitcoin”.

El 3 de enero del año siguiente, la red peer-to-peer (p2p) de Bitcoin, una red “entre pares”, que puede operar sin clientes ni servidores fijos o centralizados, entra en funcionamiento, y se empiezan a generar y validar los primeros Bitcoins. Esto ocurre bajo un programa de código abierto, creando así una red descentralizada de intercambio de valor.

Así nace el Bitcoin, proponiéndose como una moneda digital, un instrumento de pago, y ahora mismo está siendo catalogado como un instrumento de conservación de valor, un valor refugio, algo así como un oro digital (este debate se encuentra abierto y tiene detractores y defensores).

La cuestión es que esta “moneda” se caracteriza por ser totalmente independiente y descentralizada, es decir, no la emite ni la controla ningún banco central, y su valor no depende del respaldo de ningún gobierno, ni depende de la confianza en un emisor central.

La gestión de las transacciones y del valor de esta moneda, es un proceso que ocurre gracias a la interacción entre los nodos (los “pares”) que conforman la red de intercambio, la cual demanda el uso de procesos informáticos intensos a escala siempre creciente, y toda esta operación conlleva un trabajo, y un costo, que se reconoce, se valoriza, y se premia, aplicando un protocolo de “consenso distribuido”, que se denomina “prueba de trabajo” (proof of work), donde las tareas de intercambio se controlan mediante plataformas de contabilidad colectiva (las “blockchains”) y se autentican aplicando funciones de cifrado criptográficas (la labor de los “mineros”). Semejante sistema de intercambio no necesita para validar sus contratos, de emisores ni intermediarios ni certificadores “públicos”, no depende de una “autoridad” única, para ser reconocido por todos los participantes.

El mundo académico, científico y de negocios se encuentra dividido ante el fenómeno de las criptomonedas. Importantes economistas, incluyendo algunos premios Nobel, han dicho que todo este fenómeno no es otra cosa que una burbuja peligrosa. Mientras que expertos del mundo informático, y otro grupo de economistas, dicen que toda esta movida de las criptomonedas tiene el potencial de cambiar al mundo para siempre, y de la mejor forma (no estamos muy seguros de eso).

Lo cierto es que hoy por hoy, estamos hablando no solo del Bitcoin: el universo de las criptomonedas incluye ya a más de 900 tipos diferentes de monedas emitidas. Algunas son derivaciones del propio protocolo Bitcoin, otras han establecido sus propios protocolos. Entre las que ocupan la mayor capitalización de mercado están el Bitcoin y el Ethereum, esta última posee una significación especial que explicaremos más adelante. La capitalización de mercado de todo esto ya supera los 430.000 millones de dólares y sigue subiendo día a día.

Toda esta movida ha ocurrido de una forma no regulada. Esta característica de no-regulación, es la que tanto defensores como detractores coindicen en resaltar como la más importante. Existen cientos de bolsas de intercambio formales e informales, en donde se pueden negociar estas criptomonedas. La gran mayoría no están sujetas a los parámetros mínimos de regulación y seguridad que debería tener un sitio de intercambio de dinero. El universo de las criptomonedas es un universo paralelo, en donde libremente confluyen todo tipo de capitales.

Volvamos al concepto básico y literal de lo que es la criptografía: “Ocultar información”.

Cuando mezclas criptografía con dinero ¡BOOM! tienes un concepto peligroso que hay que observar con mucho cuidado. Los principales detractores de las criptomonedas alegan que este es un medio perfecto para operar toda una economía de lo oculto. Y en lo oculto caben muchas cosas. La no-regulación es un concepto romántico y utópico para sueños de libertad, que muy bien podrían resultar en pesadilla.

Venezuela acaba de anunciar el lanzamiento de su primera criptomoneda: el “Petro” (en 2009, año de nacimiento del Bitcoin, Chávez sugiere la idea del Petro, en aquella oportunidad, solo se mencionó la idea del respaldo en petróleo) y lo hace diciendo por todo el cañón, que esta iniciativa le permitiría evadir las sanciones impuestas por EE.UU.

En realidad, la exposición de motivos del lanzamiento de dicha iniciativa se basa en una sola cosa, evadir los controles impuestos por el sistema fiduciario controlado por los principales gobiernos del mundo. Por cierto, esta no es del todo una buena noticia para los entusiastas de las Criptomonedas, ya que genera un incentivo enorme para que los reguladores globales aprieten el paso.

Venezuela no es el primer país que anuncia esto, en realidad quien ha llevado la delantera en todo este tema ha sido Rusia, país que también al igual de Venezuela, tiene sanciones impuestas por los Estados Unidos y la Unión Europea. Putin se ha montado de lleno en el tema, recientemente la prensa ha reseñado la existencia de acuerdos de alto nivel con el programador informático Vitalik Buterin (ruso-canadiense), quien es el creador/desarrollador de la plataforma Ethereum, la segunda más importante en capitalización de mercado. Ether es la moneda y Ethereum la plataforma (Blockchain) que permite la adopción de los llamados contratos inteligentes (Smart contracts), algo que supuestamente tiene el potencial de revolucionar muchos procesos en la economía.

En junio del presente año, mucho antes de los anuncios acerca de la criptomoneda venezolana, Rusia organiza su famoso Foro Económico Internacional de San Petersburgo, en donde la figura central fue justamente, Vitalik Buterin. Su intervención en el foro fue con dos ponencias: “Blockchain – El Nacimiento de una Nueva Economía” y “El Impacto Explosivo de la Tecnología Blockchain”. En esta última y de acuerdo con la prensa rusa, compartió panel con el viceprimer ministro, Igor Shuvalov, y la vicepresidenta del Banco Central de Rusia, Olga Skorobogatova.

Durante dicho evento, se reveló que el Banco Central de Rusia está desarrollando su propia moneda digital -el criptorublo-, además de revelar la creación de todo un marco jurídico nuevo para considerar las criptomonedas como bienes digitales. Sin duda, Rusia es quien va a la vanguardia en el tema de la adopción de este tipo de instrumentos.

Para nadie es un secreto que Rusia es uno de los principales aliados del gobierno de Nicolás Maduro, o, mejor dicho, Rusia es la principal potencia que respalda al Estado chavista. Los anuncios recientes del Petro como moneda digital con respaldo en materias primas, no son locuras improvisadas de un Maduro, desesperado por la situación económica, como desean hacernos ver ciertos “analistas”. Forma parte sin duda alguna, de un plan mucho más complejo, en donde Rusia mueve las piezas milimétricamente.

Aún no sabemos a ciencia cierta en qué consistirá el “Petro”. Para ello es necesario leer el proyecto del mismo. En el mundo de las criptomonedas dicho proyecto se conoce como “White Paper”, y allí debería estar plasmado en detalle, en que consistiría el protocolo del nuevo activo digital, incluyendo sus características y propiedades. Es posible que dicho “White Paper” nunca lo lleguemos a leer. Mientras tanto, Venezuela avanza en la creación de una Superintendencia de Criptomonedas y en un Observatorio Blockchain. Emulando parte del proceso que desde hace algunos meses se ha iniciado en Rusia. Para seguirle la pista al “Petro” se le debe seguir la pista no solo al Bitcoin, sino a todas las iniciativas basadas en la plataforma Ethereum.

Este tema picará y se extenderá. Lo seguiremos observando. De algo estamos seguros, esto es mucho más que simple innovación financiera. Aquí hay geopolítica pura y dura. La búsqueda de un nuevo orden mundial podría empezar con la revolución de la primera clase realmente internacional, la primera realmente “global”: la clase monetaria.