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El “Corazón del Pueblo”: profanación del Corazón de Jesús para manipular la psique del venezolano

Expropiar profanando. Una peculiar fórmula del chavismo que no logró salvar de la ira divina a sus creadores 26/06/2017 1:13 AM

Equipo La Cabilla

Twitter: @la_cabilla

Corría el primer trimestre del 2012. Como en todo año electoral, ya Venezuela se movía al trote de la dinámica de campaña, con un posicionamiento opositor importante derivado del proceso de primarias que se cerraría el 12 de febrero de ese año. Ese posicionamiento preocupaba a muchos en el bando oficialista, pero el más preocupado era el principal actor: Hugo Chávez.

Un candidato enfermo e incomprendido que no había logrado (ni querido) poner al tanto de su gravedad a la mayoría de la dirigencia política de su bando. La enfermedad no había retrocedido ni lo haría ya. Pero no había espacio ni para plantear el retiro ni para asomar ninguna transición que desatara los demonios de la indisciplina en las filas rojas. Había que agrupar a la tropa, mantenerla unida y disciplinada.

Chávez se encargó personalmente de la estructura de campaña, aceptándole una sugerencia a Lula, su gran amigo y socio de negocios (tal como se desprende de la investigación del caso Odebrecht): el apoyo del publicista brasileño Joao Santana, catalogado como el componedor de campañas electorales capaces de “captar y traducir la esencia popular”, dejando por mucho tiempo su estela en la memoria colectiva.

El simbolismo en esa campaña sería la marca fundamental. Así lo notaron los convocados para la primera reunión, dirigida por el propio Chávez. En el cónclave, relata uno de los asistentes, el presidente y candidato a un tercer mandato mostraba los signos de su gravedad, atenuada y disimulada: en el hablar, en el caminar. En los cambios frecuentes de posición al estar sentado. En el rostro hinchado, en las manos como guantes inflados. Todos sentían que podrían estar ante la última campaña electoral del personaje principal de la obra. Él mismo se encargó de confirmarlo, con las palabras que atravesaron el salón Sol del Perú de Miraflores como un rayo:

"Este comando se llamará “Carabobo” porque es la gran batalla de la nueva independencia, la batalla final. Es mi batalla final. Les digo ¡Vuelvan caras! Y vamos a la batalla y a la victoria”.

En medio de un aplauso atronador de los presentes, donde no hubo ni risas ni alegría, arrancó esa, la batalla final del candidato de la Revolución.

Joao Santana había trabajado ya en varias campañas con Lula y su Partido de los Trabajadores. En su libro autobiográfico “Un marketinero en el poder” se atreve a conceptualizar y mostrar su visión del mundo en el que se  mueve: “La política es, al mismo tiempo, la sublimación y el ejercicio de la violencia”. Nada más acertado para vincularse al chavismo.

Santana llegó a Caracas y se entrevistó con Chávez. Pidió tiempo para terminar algunas cosas que hacía en otro lugar del mundo y Chávez lo “convenció” de que se quedara: designó a Diosdado Cabello como el encargado de su estancia en Venezuela, con el alojamiento y protección requerida, más los elementos de trabajo del caso: Suite en el Meliá Caracas, escolta, vehículos, traslados. Se trajo 4 miembros de su equipo a Venezuela, con los cuales se reunía en uno de los salones del Meliá, bajo la permanente custodia de la Guardia de Honor Presidencial.

Santana tuvo acceso directo  a Chávez en todo momento. La visión de Chávez era, en efecto, armar la que sería su última campaña. Pocos notaban las señales que desde el principio daba al respecto. En la reunión con Santana donde hablaron de las aspiraciones para la campaña, el brasileño agarró una idea de Chávez: la campaña debía tener “algo que se quedara en la mente del venezolano para siempre, algo imborrable. De allí arrancó el trabajo de campo.

Durante semana y media, el brasileño y su equipo, más los agregados nacionales de logística y ejecución de planes, se dedicaron a recabar datos en el terreno: querían captar en esencia el qué y el dónde de los afectos del venezolano. Durante diez días, recorrieron a pie, en moto, en metro y en autobús diversos sitios. Zulia, Falcón, Miranda, Vargas, Táchira, Caracas. Mercados populares. Misa de domingo en Los Teques. Recorrido desde Palo Verde a Propatria a las 4:30 Pm, hora pico. Hablaban con la gente, preguntaban cosas.

Al brasileño y su equipo les llamó la atención el rechazo que había ya hacia el chavismo, sobre todo en los conos urbanos. Pero notaba algo que resumió en una frase: “Desde Plaza Venezuela hacia el oeste, el chavismo está dentro del pueblo”. A esa conclusión llegó luego de recorrer, en moto, La Yaguara, La Vega, El Junquito, 23 de enero, Montalbán, El Silencio, La Pastora, Plaza Caracas, solo viendo cosas. Sin bajarse de la moto.

Luego de una encerrona de más de un día con su equipo surgieron varios datos: 1.- El venezolano tenía una relación sentimental con la política, un amor o un odio. La política en Venezuela era sentimiento 2.-El manejo de las decisiones políticas del venezolano mezclaba también el hecho religioso, las creencias y mitos del venezolano. Así, un ciudadano independientemente de su clase social o estrato, se terminaba definiendo políticamente en función de la forma como se tocaban los temas religiosos o sentimentales en determinado partido: el amor por la familia, la religiosidad del candidato, su respeto por las tradiciones culturales e incluso su participación en las mismas: fuesen misas, procesiones, bailes, eventos deportivos, ferias, etc. En todo eso, el venezolano valoraba.

Finalmente, Santana encontró el “algo” que Chávez quería: el Corazón de Jesús.

En esa imagen, estaba buena parte de los elementos que vinculaban al venezolano con sus sentimientos. La figura del “Corazón de Jesús”, está en la mayoría de los hogares venezolanos o, al menos, en la casa de la madre, de la abuela o de la figura materna en una sociedad fundamentalmente matricentrada. El Corazón de Jesús vincula al venezolano con la religión y con la madre, pues al ver la imagen recuerda a sus figuras maternas, devotas del ícono. El número de iglesias que en el país tienen el nombre Sagrado Corazón de Jesús es un indicativo de la devoción a la imagen.

Al explicar este punto, Joao Santana puso tres imágenes distintas de un corazón proyectadas en el salón especial preparado en el Alba Caracas, otrora Hilton. Allí, preguntó a los presentes: “¿Qué les recuerda estas imágenes, con que la asocian?” Chávez fue el primero en contestar: “ese es el Corazón de Jesús, mi Comandante”, dijo besando el Cristo que llevaba en el bolsillo y que sacó para reafirmar su posición.

Santana resumió el tema del Corazón del Pueblo con una frase: “El venezolano tiene el Corazón de Jesús tatuado en la nuca”.

José Ricardo Thomas, experto en marketing político, resume los elementos de campaña compuestos por Santana como algo más allá de un tema meramente electoral. “Estaban creando una religión. Simplemente, en términos de religar a Chávez con sus creyentes, trabajaron en función seudo espiritual”. De forma sincrética, como la propia sociedad venezolana maneja sus credos, donde aparece tranquilamente la Virgen de Coromoto al lado del Negro Primero y José Gregorio Hernández, donde se ve como normal ponerle un vaso de agua y una velita a “las ánimas” a la vez que se va a la procesión del Nazareno, rigurosamente vestidos de morado. Así, Chávez hizo su última expropiación: la del Corazón de Jesús.

“Trabajaron el concepto de Primal Branding, donde se buscan los elementos que crean comunidades de creyentes en torno a candidatos” continúa Thomas, quien destaca la virtud de los asesores brasileños en el manejo de este tipo de códigos.

De las tres imágenes, prevaleció la del corazón gordito, con los colores en diagonal y la estrella. Se simulaba o se aludía a la corona de espinas del corazón cristiano. Se mantuvo el rojo vivo y se dejó en colores pastel el resto del tricolor, pues el rojo debía prevalecer.

El corazón se usó (y se usa, aún) en primer plano en toda la campaña. Franelas, posters, backing de tarimas. En una jornada de menos de un día se hizo la canción. Lo demás es historia.

Una historia que, bien revisada, termina siendo trágica. Esto, si se valora debidamente el criterio de una psiquiatra consultada para este trabajo, cuya identidad mantenemos bajo reserva. “Se pudiera interpretar que la agonía y muerte de Chávez termina siendo como un castigo divino.  Para el creyente podría estar claro lo dañino del objetivo de utilizar ‎lo establecido en la estructura del pensamiento religioso del venezolano para cambiarlas y corromperlas, buscando la adoración de una persona y convertirlo en un símbolo religioso, así como lo que se hizo con los símbolos patrios”.

Otro profesional de la medicina reafirma lo dicho por su colega y por Thomas: “Una simple caminata por la Avenida Baralt de Caracas, desde la Plaza Miranda a Quinta Crespo y por calles aledañas, deja claro que la imagen de Chávez se religó con imágenes de santería y espiritismo. Chávez es usado ahora como parte de un culto diabólico, de una religión sincrética ajena a lo cristiano. A Chávez se le pide trabajo, comida, bienes, dinero. Lo mismo que se le pedía en vida, por cierto”.

Joaquín Ortega, politólogo y profesor universitario, va más allá. Conocedor como es de los elementos creativos usados en los medios audiovisuales, apunta al imaginario sociocultural. “Los dictadores quieren tener una relación emocional y exclusivista en clave cursi con su pueblo. Por eso deshacen las telenovelas y a RCTV ex profeso, para que solo haya un referente emocional entre el pueblo telenovelero y el liderazgo político”.  Para Ortega, la manipulación del chavismo llegó a extremos insondables, “la hegemonía implica manipular, en volverse sexy, en ser el único héroe hecho a mano. Es una cuña de jabón...el único que puede resolver los problemas es Ariel y Chávez era Ariel. Es el único héroe de la mujer en peligro, es extender y narcotizar con la idea fascista de que las masas son mujeres desvalidas”

La historia del “Corazón del pueblo” es, en suma, la historia de una gran operación de manipulación cuyos responsables ya no están en el escenario: Chávez, murió cinco meses después de ganar su última elección. Joao Santana está preso, por haber recibido dinero proveniente de actos de corrupción vía Odebrecht y Petrobras para armar campañas dentro y fuera de su país natal. Para ellos, ya no hay corazón.