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El golpismo catalán según Alfonso Guerra | Especial La Cabilla

Alfonso Guerra, en guerra. (Foto PesimismoDigital.com) 06/10/2017 8:00 AM

Equipo Cabilla

El Equipo Cabilla realiza trabajos especiales, de investigación y análisis.

Para Alfonso Guerra, el tema es simple: no es secesionismo sino golpismo. No hay independentismo alguno, hay sedición. No se puede ser de izquierdas y nacionalista, pues es contra natura e incompatible. Y la realidad parece darle la razón.

Guerra es uno de los padres de esa democracia española que decidió ser bastarda en una España que decidió nunca ser madre y ser siempre madrastra, tal como dice la canción. Arquitecto junto a Felipe González de la reubicación ideológica del PSOE, con la pragmática sevillana que se sacudió el marxismo leninismo, que dijo “De momento, No” a la OTAN, que se sumó a la Unión Europea pero no se divorció del discurso simbólico de las izquierdas que hablan de democracia en Europa mientras abrazan a Fidel en Latinoamérica, Guerra es hoy un halcón en la reserva más no reservado.

Y más que en la reserva, habría que decir en reserva. Aún queda “guerrismo”, como tendencia interna y como referencia. Sigue siendo parlamentario, sigue teniendo perfil propio y sigue dando la guerra. A los suyos y a los ajenos. Pero en particular, a los amenazantes, a los disociadores y a los francotiradores que se ha ganado la democracia española y España como entidad.

Hay una jornada de disolución de España. Hasta ahora, es una intentona. Golpismo a secas lo llama Guerra y da sus razones. Los golpistas Puigdemont, en la sombra los Iglesias, los Otegui, los Carod-Rovira. Los más culpables: los que no se concentran en llamar golpistas a los golpistas, los que no buscan acción contra la sedición sino contra “la represión”. Los que siendo gobierno callan. Y los que siendo oposición, claudican.

Las palabras de Guerra, en la entrevista hecha por un periodista de verdad, sin complacencia, es para entender, no para discutir.

Guerra en guerra. Va ganando en argumentos. No se ve al ejército contrario argumentar, solo lanzar consignas que son, al final, balas de salva.