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El Simón Bolívar que no nos quisieron contar | Especial La Cabilla

En Pasto aún hay quien recuerda y reclama el papel de Bolívar y Sucre en la "Navidad Negra" de 1822 24/07/2017 10:07 AM

En la historia venezolana en general, se acostumbra a ver a Simón Bolívar como un ser digno de culto pseudorreligioso que ha llegado casi al punto de sincretismo herético dentro de la mitología chavista y de cierta oposición que enarbola las banderas, herencias y vestimentas del Libertador.

Sin embargo, como todos los que hemos andado por este país desde la llegada de los españoles, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios muy a pesar de sus muchos nombres, su consabida fortuna, abolengo, virtudes y hazañas, seguía siendo un humano. Humano que tuvo grandes aciertos en su vida, al igual que graves errores políticos y en el campo de batalla que causaron sufrimiento a mucha gente y países en conjunto, desde su nacimiento hasta su inevitable muerte, siendo todos estos hechos, la verdadera importancia del personaje para la historia y no su absurda deificación fruto del culto patriótico instaurado por Guzmán Blanco y del que se aprovechan todos los actores políticos como un comodín en el discurso.

Así, fruto de ese culto en las escuelas, liceos y los mismos medios de comunicación se nos muestra la versión del Bolívar que luchaba guerras, pero que no mataba a nadie. Nos muestran al Bolívar que estuvo a cargo de responsabilidades en la Primera y Segunda República, pero no nos dicen por qué se perdieron esas repúblicas. Y como eso muchos aspectos, como el que tocaremos hoy, referido a que Bolívar sí mataba gente.

Y es algo lógico, si se supone que alguien abraza la carrera militar y más en esos tiempos que le tocaron, lo más obvio es que en algún momento le toque matar a alguien o perecer en el intento, y como podemos ver del Libertador, él no pereció en ningún intento, por lo que debemos tener en cuenta que eso fue porque supo matar a quiénes intentaron matarlo a él.

Así reseñaremos un episodio de la vida política y militar del Libertador que se suele obviar o “mal contar”, con la intención de que no hagamos muchas preguntas sobre ello y sigamos venerando incondicionalmente a alguien que en realidad bastantes errores y masacres como se estilaba en la guerra que le tocó luchar, llegó a cometer.

Durante la Campaña del Sur de 1822, a Bolívar le tocó seguir la guerra hacia Colombia y Ecuador a fin de seguir al último gran bastión realista del continente que era el Virreinato del Perú, posterior a la liberación de Venezuela en Carabobo de 1821. Así, le tocó lógicamente seguir al sur del continente, donde en la Batalla de Bomboná se encuentran los ejércitos Libertador y Realista, compuesto no solo de españoles, sino de muchos americanos del hoy territorio colombiano. Estos colombianos realistas eran en su mayoría del hoy Departamento de Nariño donde se desarrolló la batalla, de la ciudad de Pasto, tradicionalmente fiel al Rey y muy católica, cuyos ciudadanos además poseían la fama de ser buenos en el combate, siendo esto una desventaja para el ejército libertador.

Así, en esta batalla los ejércitos realistas se retiraron a las montañas de Pasto para seguir la lucha en el terreno que conocían mejor. Dando fiera batalla a los patriotas causándole numerosas bajas, por lo que Bolívar para liberar Pasto, toma la decisión de enviar a su mejor comandante a derrotar a los realistas: Antonio José de Sucre.

De esa manera, el futuro Gran Mariscal de Ayacucho también entra en la historia con 2.000 hombres que derrotan al ejército del comandante español Benito Boves (sin relación con José Tomás) en las montañas, disgregándolo y entrando a la ciudad de Pasto, donde el recibimiento a los patriotas no fue el más plácido, con disparos y resistencia en las calles, las casas, los campanarios de las iglesias, enfureciendo a los soldados del ejército Libertador, que el 24 de diciembre de 1822 decidieron combatir esta resistencia como podían, entrando casa a casa, disparando sus rifles, con sus lanzas y sables, respondiendo al fuego de los ciudadanos y de quién estuviera al frente, en una masacre que duró tres días, tras la cual el pueblo quedó prácticamente sin hombres, y en lugar de ello pilas de cadáveres, mujeres llorando a sus seres queridos, en una sangría que hoy día sería cercano a lo que llamamos “Limpieza étnica”.

Sucre logró así rendir lo poco que quedaba del pueblo, siendo relevado por órdenes del Libertador por el general Bartolomé Salom, que meses después, el 12 de junio de 1823 también enfrentó otro alzamiento pastuso, que aunque de menor magnitud que el enfrentamiento de Navidad, llevó a la crueldad de la ejecución de 14 simpatizantes del Rey arrojados a un barranco del río Guáitara, llevando a los líderes militares del alzamiento a huir a las montañas a seguir la lucha.

La masacre de diciembre de 1822 es conocida en la memoria de Pasto como “La Navidad Negra de Pasto”, con cifras de muertos contadas por centenares y relatos de atrocidades que sorprenden a cualquiera incluso hoy.

La masacre del pueblo de Pasto no se olvidó ni ocho años después, cuando el Gran Mariscal de Ayacucho fue asesinado en Berruecos, sospechándose que la causa, motivos o coartada de sus asesinos fue su responsabilidad. Y la responsabilidad de Bolívar en la masacre es también parte de su biografía, cuyos errores también deben ser conocidos, a fin de humanizarlos y hacer ver, que el título de Libertador conlleva a partes iguales honores y horrores.