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Los regalos del Día del Padre que dejó el Padre de esta desgracia / Especial de La Cabilla

Hugo Rafael Chávez Frías, de cartón burlón. (Foto Cristian Hernández @fortunecris) 18/06/2017 8:00 AM

Especial de La Cabilla

En el nombre del padre de esta desgracia llamada Revolución Bolivariana, hay que decir que los padres tienen poco que celebrar. Hijos muertos, famélicos. Padres incapaces de llevar a casa el pan, porque ni con el sudor de su frente podrían, pues no hay pan. Padres de familia, cada vez menos, pues la ruptura de la sociedad acabó, también, con la familia. “Padre es el que cría” decía el viejo adagio, convertido hoy en ausencia de figura, de crianza y de ser. Diremos entonces ¿Qué puedo regalarte, Comandante, si el que regala desgracias eres tu? No le regalaremos al padre de la desgracia, que no es otro que Hugo Rafael Chávez Frías, pues no merece más regalos que maldiciones. Pero si revisaremos los regalos envenenados que le dejó a los padres de Venezuela, los que votaron por él y los que no, los que creyeron en él y los que lo repudiaron desde que salió a la luz pública el aciago 4 de febrero de 1992.

1.- Desempleo y subempleo. Con ambos regalos envenenados, el Padre de la Desgracia logró que los padres venezolanos por más que trabajaran y perlaran su frente de sudor, no lograran mantener a sus familias.

2.-Destrucción de la moneda nacional. Lo que podría ser una simple preocupación de economistas y economicistas, pasó a ser el regalo venenoso del Padre desgraciado contra el padre venezolano, al que se le disolvió el dinero en los bolsillos y se le sacó, a la fuerza, del “partido de Gómez” donde el que no trabaja, no come: ahora el que trabaja, ni así logra comer pues el dinero nada compra.

3.-El hambre. El padre de la desgracia le regaló a los padres venezolanos el hambre en forma de bolsa, de caja o de Mercal. Y se lo regaló de la forma más vil: dándole comida barata primero a través de Mercal y PDVAL, luego sometiéndolo a la desgracia de las colas por escasez y finalmente poniéndole el grillete de los CLAP, del “carnet de la Patria” y mil atentados adicionales.

4.-La expropiación del fruto de su trabajo. Millones de padres empresarios, que se mataron trabajando en construir un negocio rentable que dejarle a sus hijos, recibieron el peor regalo posible: que le quitaran a él su negocio y a sus hijos la posibilidad de heredar y seguir trabajando. Sea una panadería, una fábrica, una finca o un modesto apartamento pagado a plazos con crédito hipotecario, el Padre de la Desgracia regala quitando, quita y se ríe.

5.- La vejez en la miseria. El padre venezolano tenía como objetivos sencillos, como aspiraciones de vida al construir una familia cosas básicas: darle una buena educación a sus hijos que los hiciera independientes, tener un techo propio para su familia y comida en la mesa, siendo el objetivo final tener una vejez tranquila asegurada por una pensión producto del trabajo de toda la vida. Hoy, millones de pensionados son sometidos al maltrato cuando cobran una magra pensión que es igual a nada, con la que comen tres días, con la que no pueden comprar medicinas y con la que ni siquiera pueden ser el abuelo que lleva a sus nietos a comer helados.

6.- Nicolás Maduro. El regalo más fulgurante para los padres venezolanos ha sido dejar a Maduro como bomba de relojería activada en Miraflores, para que, a la muerte del creador, estallara e implosionara a lo que quedaba de República para así instaurar el Estado Comunal, el comunismo a secas.

7.-La mala educación. Con el acabóse generalizado reinante en la educación venezolana, con escuelas públicas en el piso, con escuelas privadas perseguidas y asediadas, con docentes mal formados y mal pagados, con una calidad de la enseñanza en el subsuelo y un modelo curricular que privilegia el adoctrinamiento partidista por encima de la formación ciudadana, la mala educación termina siendo el regalo que el Padre de la Desgracia le dejó a los padres venezolanos para destruir uno de sus sueños principales, pequeño burgués y aspiracional: que sus hijos logren ser mejores que él, que tengan la educación que el padre no tuvo y las oportunidades que no alcanzó.

8.- Fin del esparcimiento sano. Gracias al Padre de la Desgracia, van muriendo poco a poco las sencillas formas de esparcimiento de los padres venezolanos tradicionales: murió el hipismo nacional, execrado de los medios de comunicación audiovisuales por la fulana “Ley Resorte”. El beisbol nacional se vino a menos, cada vez con menos estrellas importadas o grandes ligas venezolanos jugando en nuestra liga. Ir al estadio es inalcanzable con el sueldo. El sancocho de los domingos es quimera. La playita del fin de semana largo, también. Y las cervecitas del viernes o el whiskicito de los cumpleaños, vieron su fin, gracias al Creador del Desastre, el Chávez Nuestro.

9.- La polarización anti amistades. Con Chávez, los padres venezolanos tienen en su vida, de regalo inmerecido, la pérdida de amistades y hasta de la armonía familiar por la polarización. La Venezuela donde se podía ser adeco o copeyano o masista o hasta comunista y seguir siendo amigos, es cosa del pasado. Chávez, el padre irresponsable, puso a pelear a los padres venezolanos con sus hijos por razones políticas. Originó divorcios, ruptura entre hermanos, vecindades enemistosas, y la imposibilidad de hacer siquiera una reunión donde no aparezca su nombre y su legado, originando la discordia.

10.- Militares mata hijos. Con este regalo maldito, el Padre de la Desgracia logró que padres venezolanos vivieran la peor tragedia que cualquier padre puede vivir y que contraría el sentido mismo de la vida: enterrar a sus hijos. La vida se hizo al revés, son los hijos los que entierran a los padres. El Padre de la Desgracia materializa su legado, o sea las FANB, para lograr lo atroz: dejar padres huérfanos de hijos, para llevarle la contraria a la vida misma.

 

Piense en mil regalos más. Pero recuerde: el Padre de la Desgracia es Hugo Rafael Chávez Frías. Los regalos son cortesía de él, desde el más allá.