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Morir de Mengua en Totalitarismo | Especial La Cabilla

Las tiranías son aficionadas a matar adversarios de mengua, sin importar reclamo alguno. 19/09/2017 11:13 AM

Equipo Cabilla

El Equipo Cabilla realiza trabajos especiales, de investigación y análisis.

Cuando se habla de totalitarismo en el mundo se piensa de forma parcial solamente en Hitler y Benito Mussolini, confundiéndolo todo más bien con las características de una tiranía fascista que como el conjunto real de una serie de aspectos de un régimen asfixiante y controlador de todos los aspectos, con una ciudadanía que poco a poco se termina convirtiendo en una masa esclavizada por unos pocos amos, so pena de exilio, cárcel y en instancia final, la muerte tras los padecimientos de alguna de estas.

Aplicable a los regímenes fascistas, pero también debe englobar al comunismo con sus millones de víctimas desde el siglo XX en adelante a nivel global, el totalitarismo es experto en matar gente, por las vías del fusilamiento clásico, los campos de concentración, los asesinatos de las bandas armadas de los regímenes, las múltiples torturas hasta la muerte, el envenenamiento y en última instancia, ya perfeccionada por las tiranías modernas para cubrir con su propaganda, la muerte de mengua de enfermos tras las rejas del encierro.

Así, se une a un club donde nadie debería estar el concejal Carlos Andrés García, tras serle negada por sus carceleros homicidas del SEBIN la atención médica que requería y que la misma fiscalía había ordenado, dada su situación. Muerto por un sistema tiránico que no lo dejó salir, que no le permitió una vida digna, que al protestar decidió mandarlo a una mazmorra a pudrirse y que le falló en preservar su vida y en darle justicia.

Lamentablemente para él y todos, no fue el primero y mientras este sistema tiránico siga en el poder alimentándose de vidas no será el último. Como él, ya ha habido otros casos, que no debemos olvidar, que debemos recordar, para saber que a la opresión hay que combatirla siempre recordando sus injusticias, para que no se vayan impunes ni encuentren paz de ningún modo.

Carl Von Ossietzky 

Periodista y pacifista alemán, cuyo gran crimen fue vivir en la Alemania Nazi y denunciar el rearme alemán bajo sus convicciones de creer en lo innecesario y terrorífico de la guerra, tras combatir en la I Guerra Mundial. Esto lo llevó a denunciar el entrenamiento clandestino de pilotos de la futura Luftwaffe y la construcción de factorías armamentísticas por medio de publicaciones en la revista Die Weltbühne en 1932, que le valieron ser condenado por Alta Traición a 18 meses de cárcel, cuando una amnistía lo liberó por poco tiempo, hasta el incendio del Reichstag y la instauración del Reich de Hitler, donde bajo la excusa de “Custodia Protegida” fue puesto en un campo de concentración donde se le privó de comida y contrajo tuberculosis, siendo estos motivos para que el comité del Nobel de Oslo decidiera galardonarlo con el Premio Nobel de la Paz en 1935 para presionar por su liberación. Esto causó molestias en el régimen nazi, cuyo ministro de Guerra Hermann Göring envió notas de protesta al comité, y cuyo aparato de propaganda y represión evitó que la noticia se filtrara en su país, muriendo poco después víctima de la tuberculosis y los malos tratos, sin que sus compatriotas tuviesen información de que un auténtico héroe por la paz había fallecido.

Liu Xiaobo

Ya reseñado antes, fue un activista y poeta chino desde los tiempos de las protestas de Tiananmen duramente reprimidas con violencia por la tiranía comunista, manteniéndose en sus posturas incluso en el álgido momento que significó para la República Popular China la celebración de sus primeros Juegos Olímpicos en Beijing 2008, firmando la polémica “Carta 08” denunciando que a pesar de los avances económicos, la sociedad había pagado un precio muy caro en represión y sangre, solicitando así un cambio de sistema, que incluya a todos para otorgar democracia y libertades. Esto llevó a que fuese arrestado en diciembre de ese mismo año y mantenido en un aislamiento que no evitó que su labor en pro de la democracia y los derechos humanos fuese reconocida por el comité del Nobel en 2009 que le premió en una ceremonia donde su silla estuvo vacía a la espera de que este fuese a recoger su premio en libertad. Cosa que la tiranía china no permitió, dejándolo morir de cáncer este año en un hospital a donde fue enviado ya en estado terminal.

 

Alberto Carnevali

 En Venezuela lamentablemente, este tipo de muerte y castigo es algo continuado en los regímenes militares, la verdadera cara del totalitarismo venezolano más allá de sus ideas calcadas de Cuba o disfrazados de cierto nacionalismo fanático, todos representan opresión, latrocinio y terror a la población civil. Cosas a las que se oponía desde su militancia clandestina en Acción Democrática el abogado Alberto Carnevalli, quién desde la caída del gobierno de Rómulo Gallegos en 1948, en el exilio en México se había dedicado a combatir desde su activismo al gobierno militar por medio de la difusión de noticias sobre los excesos de la dictadura. Decide regresar a Venezuela en 1950 a dirigir la lucha de su partido junto a su compañero Leonardo Ruiz Pineda, siendo capturado en mayo de 1951 y enviado a la Cárcel Modelo, fugándose bajo excusa médica del Puesto de Socorro Salas a donde había sido enviado, volviendo a la dirección de la lucha clandestina cubierto de prestigio tras este golpe de efecto a la represión de la Seguridad Nacional que llevó a la renuncia de su jefe hasta ese entonces Jorge Maldonado, que fue reemplazado por el nombre del terror hasta 1958 que fue Pedro Estrada, quién no descansaría hasta capturar y dar muerte a la dirección de AD en la clandestinidad. Ocurriendo esto en octubre de 1952 cuando Leonardo Ruiz Pineda es asesinado en un tiroteo con agentes de la Seguridad Nacional en San Agustín, dejando solo a Carnevalli a cargo de la dirección clandestina de AD hasta enero de 1953, cuando finalmente es capturado y enviado a la Penitenciaría General de Venezuela en San Juan de los Morros, donde fallecería de un cáncer agravado por las duras condiciones de encierro que le otorgó la dictadura que combatió con toda razón.

Franklin Brito

Agricultor venezolano, víctima de la dictadura de Chávez aunque pretendan olvidarlo quiénes buscan lavar la cara de ese déspota bajo el mediocre argumento de “Hay que sumar”. Franklin Brito decidió protestar ante la injusticia de la expropiación de su fundo “Iguaraya” en Guarataro, Estado Bolívar bajo el método de la huelga de hambre ante una tiranía de oídos sordos y conciencia soberbia negada a aceptar que la propiedad privada es un derecho sagrado inalienable. Así, desde 2005 realizó siete huelgas de hambre en la sede de la OEA en Caracas exigiendo la restitución de sus tierras y compensación por todo lo que le hicieron pasar, ante lo cual la respuesta de la tiranía chavista, en ese entonces representada por las hoy “críticas” Gabriela Ramírez y Luisa Ortega Díaz fue justificar su internamiento en el Hospital Militar Carlos Arvelo bajo el argumento de Ramírez como vocera del chavismo de “No se puede permitir que una persona que no reúne la mejor condición mental pueda reiniciar una huelga de hambre”. Siendo la ejecutora de este planteamiento Ortega Díaz quién arguyendo que “el productor agropecuario Franklin Brito se encuentra incapacitado mentalmente y es incapaz de tomar sus propias decisiones, razón por la cual permanece recluido en el Hospital Militar” ordenó su traslado autorizada por el juez Lenin Fernández. No sirviendo de nada, dado que el chavismo jamás cedería en entregarle su propiedad incluso a costa de su vida, que al parecer no pareció perturbarles cuando ocurrió en agosto de 2010, ni hoy cuando se niegan a hablar del caso ellas e incluso la sociedad cómplice que decidió acoger como heroínas a chavistas que dejaron morir a un hombre que defendía mejores cosas que aquel legado de horror que estas defienden.

De cinco casos presentados, cuatro estudiados a profundidad, dos ocurrieron en Venezuela y uno bajo chavismo, sin que nadie pueda sinceramente decir “Nunca más” y lograr que eso no sea una simple frase que se lleva el viento, mientras más de cien venezolanos, hoy en las múltiples mazmorras del SEBIN en el Helicoide, La Tumba o la DGCIM donde se mantiene recluido a Santiago Guevara, siguen muriendo de mengua bajo el totalitarismo.