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Ni una lágrima por Capriles | Especial La Cabilla

Capriles tira la gorra. (Foto Cristian Hernández. @FortuneCris) 20/10/2017 3:55 PM

Equipo Cabilla

El Equipo Cabilla realiza trabajos especiales, de investigación y análisis.

Todo aquel que ha seguido la carrera política, casi meteórica, de Henrique Capriles Radonski desde 1998, podría sorprenderse con su posición en este momento. Pasar del clamor por la espera del tiempo perfecto de Dios al ateísmo protoguarimbero que rechaza la posibilidad de una salida electoral es, por decir lo menos, una rara metamorfosis.

¿Qué le pasó al monaguillo, que ya no cree en la palabra del señor? ¿Por qué el Chamberlain de Baruta se convirtió, súbitamente, en el Churchill del ’41? ¿Qué llevó al modelo preferido de la sastrería Pétain a convertirse en imagen nueva de la temporada otoño-invierno de la Boutique De Gaulle?

Parece un chiste, pero no lo es: Capriles ha declarado la inexistencia de salida electoral en Venezuela, usando para ello los mismos argumentos que usaba en el pasado reciente (es decir, hace dos días) para decir que la salida era electoral.

"Las decisiones sobre las elecciones de alcaldes, presidenciales, con este Consejo Nacional Electoral, es una decisión que hay que tomar. Eso forma parte de lo que hay que darle respuesta. El domingo el gobierno cerró un camino por el cual yo he luchado tanto, un camino que la elección permita un cambio político. Como están planteadas las cosas hoy, este gobierno no va a permitir que haya un cambio. Esa es parte de las decisiones que hay que tomar, escuchar a la gente y tomar las decisiones, pero hay que ser proactivos y no olvidar los problemas sociales".

Pero ¿No es eso lo que desde hace más de una década, casi dos, se les había dicho a los electoralistas como Capriles, que creían en elecciones porque de ellas obtenían algunos cargos que generaban renta? No le molestaba al señor Capriles ese sistema electoral cuando participaba. Y ese sistema, que ha cambiado para peor desde que en 1998 él saliera electo como Diputado por el Estado Zulia, fue el que le permitió ser alcalde electo y reelecto, gobernador electo y reelecto. Y por esas elecciones y reelecciones a cargos donde había renta y nómina para mantener clientela partidista, mantuvo el discurso de la salida electoral posible en comunismo.

Estamos en presencia de un Capriles que ofreció gobernar como Lula. Estamos en presencia de un Capriles acusado de recibir dinero de Odebrecht, como Lula. Estamos hablando del hombre que dijo haber sido víctima de un fraude electoral en 2013 y que, además, reconoció haber dejado de luchar contra ese fraude “para evitar un baño de sangre”. Estamos en presencia del mismo Capriles.

¿Por qué no cree hoy en lo que creyó ayer? ¿Lo convenció María Corina? ¿Se contagió del Síndrome de Inmunodeficiencia Politiquera del que padece Ramón Muchacho? ¿Se acabó el Capriles aquel?

No sabemos. Lo que sí está claro es que hoy, en ningún rincón de Venezuela, se ha derramado una lágrima por Capriles.