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Apuntes sobre el Ejército de Ocupación / Por Javier Lara

Militares reprimiendo a ciudadanos en las calles de Caracas. (Foto @vladmarcano) 16/06/2017 5:00 PM

Por Javier Lara

En twitter es @vzla_apesta

Por mucho que un académico obsesionado con las leyes y los diccionarios quiera decirnos en un debate lingüístico-filosófico sobre el hecho, la realidad está ahí: Estamos en guerra. Pero esta guerra es distinta a lo que libros, documentales y películas históricas nos han mostrado, por muchas ganas de matar, vencer, conquistar y humillar al enemigo estén ahí.

La diferencia se ve en que aún los bandos y armas no están siquiera bien definidos. La idea clásica de la guerra siempre habla de dos o más bandos armados, sean un ejército nacional defendiendo su nación de un invasor (Guerras Napoleónicas), o dos ejércitos nacionales luchando entre así para apoderarse del país imponiendo su visión y formas (Guerra Federal, Guerra de Siria).

Además, se lucha en más de un frente, el de combate propiamente dicho, y el frente político encargado de buscar alianzas, respaldos y el fin de la guerra llegado cierto punto deseado.

Ejemplo de ello, las guerras de independencia. En su versión más simplista y temprana (1811-1813) los bandos eran la primera república y sus instituciones en el frente político, con su brazo armado representado por el ejército de criollos de Miranda; frente al Consejo de Regencia y su capitanía general con el ejército canario y español de Monteverde.

En esta guerra nacional sin embargo, todo es tan confuso e indefinido que aún hay quién sigue definiendo sesenta muertos y contando el hecho de si estamos o no en guerra. Ya por eso sabemos que no es una forma típica de guerra, de esa misma forma ni las armas, ni las estrategias, ni las autoridades, ni los mismos ejércitos son típicos en este momento. Sin embargo si son delimitables.

El primer bando es la dictadura que declaró la guerra, cuya “cara civil” son el gobierno nacional, los gobiernos estatales, municipales y paralelos (corporaciones y comunas); y su brazo armado representado por la FANB y sus componentes, las muchas policías regionales a su mando, los órganos de inteligencia y sus grupos paramilitares (Colectivos, Tupamaros, FFM). Todo esto frente al segundo bando, que somos todos aquellos que no somos ellos, punto.

La forma de actuar del primer bando definido, el de la dictadura, es muy extraña. Primero, porque a pesar de estar definido como un gobierno nacional con sus instituciones instaladas en todo el país, actúa como si el país que ataca no fuera el suyo. Es decir, con la saña de sentirse un ocupador extranjero buscando destruir al oponente porque no importa, lo que están atacando no es responsabilidad de ellos. Por eso ataca, tortura, busca lesionar gravemente o matar y aplica hasta la modalidad más reciente del pillaje y saqueo a sus propios ciudadanos, como ya hemos visto en Caracas desde Altamira a El Paraíso.

Esta conciencia antinacional se siente además en el hecho claro de que sus jerarcas si bien todos han sido nacidos y criados en este país, han crecido odiándolo desde lo más profundo, hasta el punto de considerarse vasallos del gran proyecto imperial cubano de toma del continente. Yendo desde jóvenes hacia allá, poniendo rodilla en tierra ante el tirano Castro, haciendo sus múltiples cursos de formación en esa isla, o hasta ejerciendo de agentes y espías desde antes de tomar el poder. Y si estos son los dirigentes, con los subordinados no debe ser muy distinto.

A esa dirigencia entonces, al llegar al poder no le importa no solo entregar los recursos nacionales y obediencia a su metrópoli, sino que además se sienten parte ella, renegando de su origen y actuando más como “Reichkommisariat” o embajadores de la opresión antillana en su propia tierra.

Ejemplos como de militares y abiertos agentes extranjeros que nada tienen que ver con una región postulados y elegidos como gobernadores por el PSUV, como jefes de las corporaciones o jefes de las infames ZODI están allí. Actuando como actúa un ejército invasor, destruyendo todo lo que represente la nación que siempre han odiado, en beneficio de construir la “Nueva Sociedad” de “Hijos de la Patria” sometidos al hambre, miseria y opresión, frente a la antigua sociedad nacional que si bien no era perfecta, buscaba trabajar, generar riqueza y mantener ciertas libertades.