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La OEA es pura paja

Almagro con Delcy a su izquierda y de rojo, en foto incómoda. 26/06/2017 1:28 AM

Equipo La Cabilla

Twitter: @la_cabilla

Varias sesiones, de distinto calibre, ha tenido la Organización de Estados Americanos para tratar el caso Venezuela. El “informe Almagro”, la solicitud de activación de la “Carta Democrática”, los debates del caso. La anunciada salida de Venezuela del foro. La reunión de Cancilleres. Y nada. Aquí seguimos

Fuentes diplomáticas consultadas por La Cabilla dan cuenta del mismo estupor o incredulidad que puede tener el venezolano común: parece mentira, en la OEA nada se puede. Hasta lágrimas han vertido diplomáticos acreditados ante el gobierno venezolano, cuando se les pide explicación: no la hay. No pueden explicarles el tema ni siquiera a sus familias, para los emparentados con nacionales. Para los medios, solo retórica.

Luis Daniel Álvarez, Internacionalista, periodista y actual Director de la Escuela de Estudios Internacionales trata de ser objetivo y evitar los juicios crudos. Para él, los ciudadanos venezolanos solo podemos esperar pronunciamientos tímidos, llamados a diálogo para que la situación se remedie y que no haya un exhorto fuerte para que el gobierno venezolano cambie, por una razón fundamental: “En la OEA todos los países son iguales, independientemente del tamaño, estructura, historia, forma de gobierno, todos votan de la misma manera, todos son un voto. Canadá y San Vicente y las Granadinas, por ejemplo, pesan lo mismo. Hay una buena cantidad de países que hablan con dureza y se dan cuenta de la precaria situación institucional de Venezuela. Perú, Honduras, Canadá, EEUU, México, Brasil. Pero hay otros países, sobre todo islas del Caribe, donde Venezuela todavía tiene un tutelaje y una influencia de tipo comercial y esas islas blindan al gobierno chavista”

Karibay García León, Internacionalista y docente de la Universidad Metropolitana, es más tajante en su valoración, pues simplemente cree que la OEA íntegramente no puede responder a todos los problemas que el venezolano tiene. “Que se aprueben resoluciones no va a resolver la cantidad de cosas que agobian a los venezolanos, eso debemos entenderlo todos”.

Álvarez rescata algo que, quizás, podría verse como un punto a favor de la lucha por las libertades de Venezuela: el rol de Almagro en la crisis. “Comparemos la figura de Almagro con Insulza. Almagro a juicio de muchos, es el prototipo de secretario general de un organismo multilateral que uno quiere. Hace seguimiento a las temáticas, opina, confronta y entiende. Insulza hacia honor a su apellido con su actitud, en una OEA apagada y gris, un club de presidentes amigos”.

Almagro incluso compromete, a juicio de Álvarez, su carrera política en Uruguay, manteniéndose equidistante con las posiciones de Mujica, de quien fuese Canciller, por ejemplo. Pero más allá de eso, de la altisonancia de sus posiciones (ha puesto su cargo a la orden, a cambio de una solución en Venezuela), no parece haber mayor consecuencia.

García León pone el dedo en una llaga difícil. “Venezuela es una narcodictadura, sin duda están gobernando los que manejan los grandes negocios de la droga en esta parte del mundo. Por tanto más que la OEA, el tema es para la DEA” afirma, en una posición que Álvarez prefiere matizar. “Donde haya temas de narcotráfico la DEA hará sus investigaciones. Pero es un caso para la OEA en la medida de que allí tiene que darse la discusión sobre violaciones de los DDHH. Es dramático que estemos hablando de temas que creíamos superados: presos políticos, torturados, desaparecidos. Eso siempre será materia para la OEA”.

Delcy y su legado.

No se va Maduro, pero si se va Delcy. Su presencia en foros internacionales era ya parte del folklore latinoamericano. Su petulancia, su extraño acento con dejos cubiches y entonaciones forzadas. Su irrupción en escenarios donde no había sido invitada. ¿Qué deja Delcy a su paso?

“No hubo ni siquiera paso por la Cancillería. La señora Rodríguez ocupó una silla en una labor totalmente propagandística, en un discurso que dejaba mucho que desear, de destrucción del servicio exterior o de profundización de la destrucción que hemos visto desde 1999, con ministros que han menospreciado el servicio exterior y para nada les importa la política exterior sino los intereses partidistas que puedan tener” asevera Álvarez. La opinión del director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV es consecuente con la opinión generalizada en los foros académicos. Una triste aparición final de Delcy en la OEA quizás es el colofón de su gestión, si existe tal. “Creo que la mejor muestra de la gestión de la ex canciller fue su despedida altisonante, alejada de todo ámbito diplomático, burlándose e insultando a los cancilleres de otros países, manejando todo de una manera despectiva, sin entender los escenarios.”

Delcy nunca pareció entender su rol. O quizás, no lo entendimos los espectadores que pensábamos, en cada una de sus apariciones, que íbamos al cine cuando en realidad íbamos a un circo, donde se podía esperar pataletas, insultos y montajes fotográficos, pero nunca un comportamiento cónsono con los foros internacionales. “Delcy Rodríguez representa lo peor que ha pasado por la conducción de la política exterior, una persona que no entiende de diplomacia ni de multilateralismo, una figura gris en su actitud protocolar y nefasta en su proceder político”, juzga con dureza Álvarez.

 Karibay García León remata en el mismo tono, juzgando que la gestión de Delcy es un legado de una diplomacia de confrontación “de cinismo, de jugar al desgaste. Y esa diplomacia la dirige Delcy con una retórica muy parecida a la de su hermano, jugando al desgaste de las instituciones multilaterales”.

Podríamos concluir que en la OEA mueren las esperanzas de los venezolanos que confían en una solución mágica desde afuera. Se recuerda la arrogancia de la Venezuela Saudita, donde todo se podía y se lograba, donde los petrodólares todo lo compraban y donde el venezolano era capaz de recibir a quien fuese y regalar a cualquier país lo que se le ocurriera al gobernante de turno. Parece una mueca del destino: en la OEA los que ayer veían a Venezuela como el hermano rico que todo podía tenerlo, hoy lo ven con la compasión con la que se ve al venido a menos, al caído en desgracia, al disminuido en sus posibilidades. Y aún no sabemos si al vernos se conduelen o simplemente piensan: “así queríamos verlos, finalmente”.