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Miserias del Comunismo: La experiencia del Khmer Rojo / Por Javier Lara

12/06/2017 10:08 AM

Por Javier Lara

En Twitter: vzla_apesta

“No era verdadero socialismo”, “Es una muy buena idea, solo que inescrupulosos la desvían”, siempre es algo que dirá un europeo de izquierda ante las tragedias que su idea asesina lleva ya un siglo generando.

Curiosamente, esos mismos mal bañados colocaban como “sociedades modelo”, “ejemplos de socialismo nacional” o como quieran llamar a eso que ahora niegan cuando estaban en su mayor momento de gloria homicida.

Y es más curioso aún, que esos mal bañados compartieron estudio, amistad, y quién sabe si hasta fluidos con esos a quiénes llaman “desviados del socialismo” cuando fracasan y su horror es motivo de repudio por toda la civilización.      

Ejemplo de ello es el Khmer Rojo. Esa locura homicida, como la mayoría de estas ideas asesinas ni siquiera nació en su propio país. No: nació entre los grupos universitarios camboyanos estudiando en París, en aquel momento metrópoli de la Indochina. Naciendo con la idea de aplicar “Un socialismo agrario a la camboyana” fue aplaudido como un constructo liberador del tercer mundo y ejemplo de lucha contra el imperialismo que bombardeaba su país.

Para estos comunistas, la liberación del imperialismo significaba la construcción de una “Nueva Sociedad Agraria” que tomaría tanto ideas del Maoísmo como los valores originarios khmer como fundamento. Esto implicaba destruir todos los valores occidentales, y esto si lo decían de la forma más literal posible.

Comenzaron destruyendo la idea de la sociedad. Al tomar Phnom Pehn, la orden fue “Todos evacúen la ciudad”, la excusa “Los EEUU bombardearán y hay que salvarlos”. La realidad, es que no había salvación. El “Año Cero” de la revolución había iniciado.

Mientras se evacuaba la ciudad, se destruía todo cuanto representara civilización según la idea asesina. La tecnología, radios, televisores, muchos vehículos y máquinas, todo era despedazado en orden de acabar lo negativo. En el mismo orden se abolió el dinero debido a que según Pol Pot, el principal líder e ideólogo homicida “El dinero corrompe y crea desigualdad”. Claro, no puede haber desigualdad si todos son pobres.
 
Una vez evacuado el centro de corrupción que llamaban ciudad, todos iban al campo, todos serían campesinos sin importar que desconocieran todo lo que ello implicara. Todos sembrarían arroz y quién se opusiera sería castigado y torturado hasta hacerlo confesar lo inimaginable. E incluso, si su único error en la vida era usar lentes, ser bilingüe o profesar su religión, ya eso era suficiente para pasar de morir lentamente en el arrozal, a morir ejecutado en la infame prisión S-21. Porque esa era la diferencia, en el campo la muerte estaba por doquier. Fuera por los horribles castigos a quiénes desobedecían, tal vez porque la comida no rendía, por las muchas enfermedades tropicales, por las jornadas esclavizantes de trabajo o por todo combinado, el cuerpo ya harto solo colapsaba.La obediencia ciega era un deber de la población. El individualismo era castigado, el pensamiento crítico suprimido.
 

La única conciencia aceptada es el “Angkar” suerte de ente colectivo fruto de veneración cuyas órdenes y planes debían cumplirse y que en la realidad no era un ente divino, eran solo Pol Pot y sus otros cuatro camaradas incuestionables dirigiendo su propio culto de adoctrinamiento a todos, pero en especial a los niños, quiénes desde los siete años eran tomados por el partido para ser instruidos en el culto y luego a cargo de campos y cárceles por “no estar contaminados del viejo capitalismo”.

Angkar” pasó a ser así el controlador del hambre en los campos, distribuyendo la comida, consistente solo en poco arroz y vegetales, repartido mayormente a la población campesina y el resto a los habitantes de las ciudades, nunca alcanzando para estos y sirviendo además como una forma de castigo a ellos por representar el viejo capitalismo, y como excusa para matar a aquellos que pidieran más o buscaran frutas y vegetales bajo la acusación de robo e individualismo, para ellos el peor crimen de todos.

El Angkar trazó de objetivo para su transformación social basada en el maoísmo, la creación de un excedente agrícola de 3 toneladas de arroz por hectárea como objetivo previo a la industrialización del país. Sin el socialismo agrario no podían llegar a la industrialización planteada por Mao. De allí su dichos “Quién tiene arroz lo tiene todo” junto a su obsesión porque todos cultivaran, el desprecio a la población urbana y el abandono del resto de las actividades como si estas no ayudaran al agro. Los resultados de sus brillantes políticas fueron la producción de solo una tonelada de arroz por hectárea, cuyo destino mayoritario fue la exportación, y solo una parte destinada para el consumo interno con la intención de dominar por medio del hambre y usar la situación como excusa para sus propias purgas.

Porque claramente, el resultado planteado no se había cumplido, por ello el Angkar atribuyo el fracaso no a las políticas, que “eran perfectas” como siempre dicen, sino a como las implementaba el partido, pero no ellos en el nivel superior claro, la culpa recayó en “”traidores ineptos” de los mandos medios y locales que fueron “infiltrados por la CIA, KGB y Vietnam”, todos ellos debían ser reemplazados y castigados, siendo purgados en los campos y prisiones en un genocidio sistemático a su estilo.

Miles de estos viejos colaboradores entraron a los campos y prisiones acusados de traidores. De la infame S-21, miles entraron y solo poco más de una decena salió viva. En esta eran ingresados, fotografiados, torturados hasta la confesión de lo inimaginable, asesinados y luego fotografiados de nuevo para su expediente en una suerte de “antes y después” sangriento que quedo como documento del horror hasta su final abrupto por la invasión del ejército vietnamita en 1978 que los llevó a huir en 1979, lo que permitió mostrar al mundo el horror y las dimensiones de aquella sangría sin sentido que costó entre muertos por hambruna, tortura y homicidio 1,7 millones de personas, un tercio de la población de Camboya antes de su llegada al poder.

Los responsables del genocidio huyeron a las selvas donde permanecieron matando, hasta que desacuerdos entre si los llevaron a encarcelar a su propio líder Pol Pot, quien murió antes de ser entregado a las autoridades sin admitir su responsabilidad en la muerte de sus compatriotas.

Otros de sus colaboradores, como Khieu Samphan disfrutaron de la impunidad afirmando con desparpajo “Purgamos muy pocos, no matamos a muchos, solo a los malos, no a los buenos” o incluso dando cifras afirmando matar “solo 17000” atribuyendo el resto a los vietnamitas y la CIA.

Porque aún hoy, tras matar casi todo un país, tras juicios y cadenas perpetuas, no fue su culpa y tampoco del socialismo. Las culpas son de la “mala aplicación”, del imperialismo, o de cualquiera, no de la idea asesina que tanto defienden.