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#EspecialLaCabilla Cabello, Maduro, PSUV y Somos Venezuela ¿Empezó la guerra? (I)

El poder en el chavismo es más que elementos simbólicos. DIosdado y Maduro lo han demostrado desde la agonía de Chávez. 19/02/2018 10:56 AM

Equipo Cabilla

El Equipo Cabilla realiza trabajos especiales, de investigación y análisis.

Desde el mismo 8 de diciembre de 2012, cuando Hugo Chávez le habló al país en la mítica última cadena, se sabía que la herencia estaría en disputa, más temprano que tarde. La decisión “plena, como la luna llena” de ungir a Nicolás Maduro como heredero universal del poder presidencial y del timón de la revolución chavista, era sin duda controversial. No solo por las obvias ilegalidades del asunto, sino por lo descolocado que se veía al resto de los aspirantes a la herencia, siendo el damnificado mayor, precisamente, Diosdado Cabello.

Y allí entran las discusiones fundamentales sobre origen y legitimidad de los involucrados. Desde el asunto del civil Maduro ajeno al núcleo duro de la conspiración militar de 1992, pasando por todos los elementos surgidos sobre la nacionalidad del ungido y su dependencia excesiva de la orientación cubana, para aterrizar en las acusaciones contra el excluido Diosdado, a quien se coloca como cabeza fundamental del Cartel de los Soles, sin que hasta ahora la DEA o ningún organismo relacionado lo haya acusado formalmente en ningún tribunal ni pese sobre él ninguna sanción o requisitoria por el delito de narcotráfico.

Más allá de la mera especulación de corrillos o de la cizaña de laboratorio que no refleje realidades sino esperanzas y anhelos, es menester echar una ojeada a los ribetes que toma en este momento la respectiva ubicación de los herederos de Chávez y la administración de la herencia, la posible deriva de diferendos simples a guerra abierta y los elementos coyunturales y estructurales que atan a cada personaje al poder, en este momento.

Por qué pelear: cosas de la mafia.

Ante la ausencia de acción policial que las amenace, las mafias buscan entretenerse siempre solidificando su poder y alcance territorial a través de reinados internos que conducen a purgas. Guerras intestinas. Al no haber amenaza externa, al no haber policía atacando al núcleo mafioso, no hay necesidad imperiosa de mantenerse unidos. Por el contrario, es el momento propicio para avanzar en el “cambio de gobierno” de los pranes carcelarios, en el magnicidio de los círculos palaciegos, en la intriga contra el padrino de la familia para sustituirlo o repartir mejor las cuotas de poder.

Siendo el sistema político venezolano actual un sistema mafioso, donde los jefes de partidos son pranes de poder incontestable, a los cuales el régimen, por cierto, ni toca ni amenaza demasiado, era de preveer lo que sucede: no hay oposición, por ende hay que buscarla, crearla y aprovechar el momento de ausencia de amenaza externa para ajustar las cuentas de los grupos de poder internos.

Al chavismo, ante la ausencia de amenaza opositora externa, parece haberle llegado el momento de la guerra interna que ponga a cada quien en su lugar: militares versus civiles, originarios versus advenedizos, narcos versus violadores de DDHH, sancionados versus impolutos, políticos versus empresarios. El conteo de cañones luce equilibrado. Pero el viejo truco castrista de crear enemigos para mantener una posición o la supervivencia del sistema, se nota en desarrollo.

Entre 1999 y 2000 ocurrió lo mismo en el chavismo. Los partidos tradicionales fueron barridos en tres procesos electorales que los dejaron fuera de combate. Y fue en ese momento en que se empujó la fisura principal: los “comandantes” del 4-F, con Arias Cárdenas a la cabeza, se pararon de la mesa del chavismo indignados ante la corrupción del sector civil sobrevenido al movimiento, encabezado por Luis Miquilena. Ante la ausencia de oposición, se intento crear una oposición propia. Primer intento, no funcionó del todo, pero se hizo.

¿Veremos una nueva “oposición”, igual de falsa que la actual, pero chavista? ¿Una facción del chavismo peleando dentro del chavismo, dando la ilusión de democracia que permita, de un zarpazo, eliminar cualquier posibilidad de supervivencia legal de los partidos opositores hasta ahora conocidos?

El escenario electoral 2018, Somos Venezuela y PSUV

Todo era especulación y chisme de cadenas de whatsapp hasta que se anunció la creación de un nuevo partido: El “Movimiento Somos Venezuela”, creado en principio como plataforma de propaganda y apoyo a la ANC en el momento de su lanzamiento, se presenta ante el CNE como partido político, con militancia, dirigencia, directiva y tarjeta presente en las próximas elecciones deslegitimadas por la opinión pública mundial. A la cabeza del nuevo partido, Delcy Rodríguez. Propagandista mayor: Nicolás Maduro, a la sazón, candidato presidencial del nuevo partido. Y allí arranca entonces la primera pregunta ¿Y que pasa con el PSUV, presidido por Diosdado Cabello? Y la segunda pregunta ¿Por qué no está Diosdado en el nuevo partido?

Respuestas, solo por la apariencia: El PSUV tendrá a Maduro de candidato y estará en el tarjetón compartiendo espacio con las demás tarjetas del “Gran Polo Patriótico”. Podría pensarse que esa presencia se refleje también en la calle, en forma de propaganda, en los medios, en pancartas, en tarimas. Pero quizás, los restantes partidos del GPP podrían contar lo que ha significado para ellos hacer campaña y subsistir en medio de la hegemonía casi absoluta del PSUV que, hasta ahora, era quien monopolizaba recursos, propaganda y presencia en medios oficiales, además de espacios en candidaturas y listas a la AN. Está por verse entonces si el PSUV aparecerá en las tarimas de Maduro en los mismos términos que se acostumbraba, ante la aparición del partido ya no de Chávez, sino de Maduro y los hermanos Rodríguez. Por los momentos, Diosdado respondió al asunto convocando una inscripción masiva en el PSUV, que aún existe y aún dirige él. No sabemos si se permitirá la doble militancia. Tampoco sabemos si el hasta ahora partido principal del chavismo conservará su espacio principal en el tarjetón ni si veremos reparto de cuotas en el gabinete nacional y de gobernadores entre partidarios de cada tolda. Obviamente, todo está por verse.

Chavismo originario

El asunto del pedigrí siempre ha sido delicado en términos revolucionarios. Nada que no pueda arreglarse con una que otra biografía prét-a-porter que ponga al interesado donde no estuvo nunca, o lo saque de donde siempre estuvo.

Diosdado puede blandir su presencia en el MBR-200 como muestra de su pertenencia al origen del chavismo. La historia oficial indica que, en efecto, estuvo en el golpe del 4-F, fue preso al igual que los demás y luego su causa sobreseída por el presidente Caldera, junto a los demás golpistas. Pero hay un vacío en la historia ¿Dónde estuvo exactamente? ¿Cuál fue su rol, su papel, su acción? De Rodríguez Torres se sabe que estuvo asesinando a la escolta de la familia presidencial en La Casona, en el largo asedio inútil contra la residencia presidencial donde solo estaban la primera dama con sus hijas y nietos. De personajes como Blanco La Cruz, Florencio Porras y Rojas Suárez, del mismo rango que Cabello, se sabe dónde estuvieron y haciendo qué. De Diosdado solo hay presunciones, versiones indicadas por él mismo y un halo de misterio. Maledicentes han indicado, también de forma brumosa, que el capitán monaguense, hijo de dirigentes adecos, se desapareció de la acción y apareció luego preso.

De Maduro no hay dudas: no estuvo ni en el MBR-200 ni en el golpe del 4-F. Militante del grupo Liga Socialista, fundado por el padre de Jorge Rodríguez, David Nieves, Julio Escalona, Fernando Soto Rojas y otros ex militantes adecos desgajados primero al MIR y luego a las divisiones en el frente guerrillero. Allí, como presunto dirigente sindical del Metro de Caracas, siguió la línea de su partido de no participar en la conjura pues asumían a los militares como unos simples “putchistas militares, gorilas de derecha”. En esa opinión estuvieron también los sectores juveniles de Bandera Roja, encabezados por Elías Jaua y Blanca Eckhout, que incluso hicieron tienda aparte cuando fueron derrotados internamente en la toma de la decisión: Bandera Roja participó en el 4-F, los hoy chavistas Jaua y Eckhout no. Maduro tampoco. Sin embargo, al tomar cuerpo la acción política posterior al golpe, los movimientos pidiendo amnistía a los golpistas y las alabanzas en medios de comunicación al líder del golpe, vimos sumados al carro del chavismo a Maduro, Cilia, Jaua, a los exguerrilleros de la Liga Socialista y a cientos de viejos despojos de los movimientos de la izquierda insurgente de los sesenta, con las notables ausencias, por cierto, de los civiles que participaron en la conjura y que dieron cuenta bien temprano de la intemperancia militarista que tenían los golpistas, siendo Douglas Bravo y Gabriel Puerta Aponte las bajas más sensibles, opositores al chavismo desde entonces hasta hoy.

Sea como sea, una simple revisión del recorrido político de dos décadas de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, los deja como personajes que han crecido paulatinamente desde posiciones discretas hasta la cumbre del poder. Al arrancar el régimen, Diosdado fue Director de CONATEL y Maduro diputado primero y constituyente del 99 después. El ascenso de Diosdado fue meteórico, llegando en 2002 a la Vicepresidencia de la República donde lo hallaría, por cierto, la historia de aquel 11 de abril, con huída, regreso y juramentación. Historia en la que Maduro, aún, figuraba como simple diputado a la AN, sin estar en la primera fila de la fracción ni descollar mucho hasta ese momento.

Algo une la historia de ambos personajes en aquel momento: El fantasma de la cobardía en el momento crucial. Diosdado se escapó a Vargas buscando un helicóptero que lo sacara del país. Nicolás escapó a Cúcuta, dijeron reportes de la época, junto a Cilia Flores, con quien regresó a Miraflores ya el 14 de abril en la mañana, con ropa prestada y rostro desencajado.

El factor cubano

Aunque con mucha especulación que hace ruido en el fondo, a Nicolás Maduro se le tiene como hombre de La Habana casi de forma comprobada. Si bien los reportes de su formación en la isla en tiempos de juventud nunca han podido ser fehacientemente confirmados, el seguimiento que hace de los lineamientos del régimen cubano tiene suficientes indicios para dar por cierta su filiación. Desde su presencia a tiempo completo en Cuba durante las largas estancias del Chávez enfermo y moribundo, hasta sus escalas en la isla de ida y vuelta de cada viaje internacional, hechos por cierto en aviones de la aerolínea Cubana de Aviación, son prueba en su contra.

De Diosdado, en cambio, solo se conoce un viaje a Cuba, en toda su vida. Nos enteramos de ese viaje precisamente por la rareza del hecho de ser el primero, y lo hizo en la agonía del difunto Chávez, cuando los rumores sobre su no retorno a la vida normal eran ya más que rumor, certeza. Al parecer, Diosdado fue a cerciorarse de que no había retorno. Qué hizo o qué le hicieron o dijeron durante su estancia habanera, no hemos sabido. Pero no se recuerda otro viaje del susodicho ni ha habido abrazos, carantoñas y arrumacos con la dirigencia cubana registrados en fotos como sí lo ha habido en el caso de otros altos dirigentes del chavismo.

¿Con quién está el régimen cubano? ¿Con Maduro, con Diosdado...o con el dinero venezolano? Con los tres, contestará algún irónico. Con ninguno de los tres, dirá un optimista. Con cualquiera de los dos que garantice el dinero, dirá un realista. Cosa más grande.

El factor militar

Quién de los dos es más cercano a los cubanos puede ser difícil de determinar, pero quien de los dos es el militar está más que claro. Solo Diosdado puede uniformarse en público. Su paso por la Academia Militar no es una leyenda ni un rumor, es un hecho. Así, si se entiende la mentalidad militar de confiar en quien es del cuerpo y desconfiar de quien no lo es, está claro quien lideriza al sector.

Pero es más que obvio el control que Maduro ha entregado al sector militar, de forma grosera incluso, en sectores sensibles para el país: comida, salud, importaciones, divisas, tesorería, banca pública, infraestructura, control de orden público e inteligencia. Militares son quienes distribuyen comida y quienes reprimen protestas contra la escasez de comida. Militares son los principales gobernadores impuestos por Maduro. Al poder militar se le otorgó, incluso, la potestad de juzgar a manifestantes civiles, acusados por fiscales militares ante jueces militares y, de paso, encarcelados en retenes militares.

Siendo así, habría que decir que nunca antes los militares habían tenido tal poder en el Estado. Siendo así, ¿Para qué necesitarían colocarse en contra de quien les ha dado todo ese poder, por más que no sea un militar como ellos sino que más bien necesite confiar su permanencia en el poder a militares como ellos?

¿Habrá “espíritu de cuerpo” que se posicione militarmente ante una disputa, o habrá “cuerpos sin espíritu” que se queden cual zombies esperando a la sombra el desenlace de la reyerta?

Los crímenes y las sanciones

De Diosdado, rumores y solo una sanción impuesta. De Nicolás, suposiciones, acusaciones y sanciones impuestas por medio planeta.

A Diosdado se le tiene como cabeza del Cartel de los Soles, según varias investigaciones periodísticas plasmadas en libros, como el de Casto Ocando o el del autor español Emili Blasco. El despliegue de dinero que no puede ocultar en su forma de vida, lo hace sospechoso de muchas cosas. Una mansión en la cual vive, la ropa que usan él y su familia, los vehículos en los cuales andan por allí, los lujos que ostentan con alarde. Todo eso asoma corrupción, más no necesariamente comprueba su manejo de los hilos del narco.

Maduro, por su lado, también ostenta y alardea de una riqueza que no tiene como justificar. Pero en su caso, el elemento familiar lo acusa y persigue: los dos sobrinos de su esposa presos por narcotráfico en una cárcel de los EEUU deja en el ambiente la pregunta sobre las acciones de los muchachos y el conocimiento familiar de las mismas. ¿Podían ser narcotraficantes sin la anuencia o al menos el conocimiento del hombre fuerte del país? Quien sabe. Lo que si está claro es que los muchachos son sobrinos de su esposa, no de Diosdado.

Las sanciones contra el chavismo son por legitimación de capitales provenientes de actividades ilícitas, incluso narcotráfico en algunos casos. Otras, son por violaciones directas a los derechos humanos. Y en ninguna de las dos figura Diosdado, a quien una sanción de la Unión Europea lo señala de ser parte del entramado político criminal que reina en Venezuela, sin señalarlo por ser el mandante o ejecutor de asesinatos o represión. Se le señala por el programa de televisión desde el cual ejerce como vocero y difamador. Pero en todos estos años, no ha estado en ningún cargo ejecutivo con responsabilidad en la represión, en la acción militar contra la población, en la distribución de comida o en la administración de justicia. Siendo así, si la pelea arrecia, no nos podría extrañar que salgan a la luz pública, por los oscuros recovecos de cierta prensa, historias sobre Diosdado y sus acciones. Ya cantó Luisa Ortega señalándolo de dar ordenes sobre enjuiciamientos de políticos como Leopoldo López.

¿Qué faltará por ver? No sabemos. Pero en próximas entregas, trataremos de revisar cómo el factor económico y familiar termina siendo también determinante en la marcha de los diferendos entre los bandos en pugna.